viernes, 24 de mayo de 2013

NECRÓFAGOS: LA LEYENDA DE LOS DEVORADORES DE CADÁVERES



Por el monte de Olivete
se pasea una doncella.
Yo que fui tan desgraciado,
fui a caer en manos de ella.

Ya me coge de la mano,
ya se va ya, se me lleva.
Ni me lleva por caminos,
ni por veredas, ni sendas.

En lo hondo de un barranco,
más de 2000 cruces viera.
Yo me atreví a preguntarle
de qué cruces eran éstas:
“son de hombres que tengo muertos
y están debajo de la tierra.
Lo mismo he de hacer contigo,
Cuando la gana me diera”.

Ya llegamos a la cueva,
donde se acostaba ella,
y a mí me dio un eslabón
para que la luz encendiera.

A mitad de la noche,
se le revolvieron las enaguas
y también la camisuela.
Yo le vi patas de gallo
y el cuerpo de una culebra.

Al ver tan gran disparate,
me levanté de su lado
y salí puertas afuera,
y fui 3000 leguas
sin revolver la cabeza.

A las 3000 leguas, cuando revolví la cabeza,
la vi venir corriendo como una fiera.
“¡Aguarda, traidor, aguarda!
¡Espera traidor, espera!,
que te voy a dar una carta
que la lleves a mi padre que es el Rey
y a mi madre que es la Reina.
A mi tío que es el Duque
y a mi tía la Duquesa”.

Al ver que no me esperaba,
cogió una piedra del suelo
y la hizo andar siete leguas;
y al ver que no me llegaba
se puso a maldecir del Sol
y también de las estrellas:
“por un hombre que no he muerto,
tengo que ser descubierta”.
                                                                                                 Oración popular

Mi madre me recitaba esta oración siendo niña. Años más tarde, ya en la adolescencia, un amigo me comentó de un conocido suyo que a su vez, le había contado que su padre le relató una escalofriante experiencia que vivió de joven cuando, tras haber sido invitado por una bellísima joven a acompañarla a su casa, descubrió al levantársele la falda a causa de un repentino soplo de viento, que sus pies eran los de un gallo –o gallina-, provocando con ello su huida inmediata.

 Evidentemente, quedé muy sorprendida con aquello, pues nada había comentado yo nunca con mis amigos acerca de la oración de mi madre. Por aquél entonces, no sospechaba yo que la cosa tenía que ver con uno de los mitos más impactantes y difíciles de digerir del folklore europeo y árabe: el de los necrófagos.

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Necrófagos

Oraciones como la de mi madre debieron cumplir en otro tiempo la función de advertir, sobre todo a los jóvenes inexpertos, acerca de los peligros que echaban en los parajes solitarios alejados de los pueblos. Especialmente en caso de encontrarse en ellos a una hermosa joven desubicada y solícita de sus favores. La amenaza de los demonios necrófagos acechaba en aquellos lugares alejados de las poblaciones, allá donde éstos tenían sus dominios, alejados de los hombres y sus leyes.

Desagradables, asquerosos y repugnantes, estos demonios gustan de desenterrar restos humanos y comer carne putrefacta. En la mitología, los necrófagos son seres que se alimentan de cadáveres de seres humanos que frecuentemente matan a sus víctimas, las cuales nunca se dan cuenta que están frente a un necrófago ya que estos cambian de forma.

Forman parte de muchas leyendas de Europa y Medio Oriente. Aunque los necrófagos tienen su sitio en el folklore occidental, donde primero aparecieron fue en las leyendas del mundo árabe islámico, según las cuales pertenecían a una raza rebelde de espíritus malignos. Principalmente habitan en los desiertos, pero también se esconden en cuevas, vagan por los bosques y fisgan en los sitios donde han muerto humanos recientemente. Los necrófagos, con su conducta caníbal y su gusto por saquear tumbas, han sido temidos en todo el norte de África, Oriente Medio e India. Además, aunque consumen a placer cualquier tipo de cadáver que encuentran a su paso, la mayoría no se quedan realmente satisfechos hasta que han matado ellos mismos a alguien.

No se puede describir con precisión a estos necrófagos. Algunas historias dicen que parecen camellos, bueyes, caballos o avestruces de un solo ojo. Otras hablan de una criatura con una pelambrera abundante y revuelta que le cubre los ojos. De todos modos su aspecto "real" importa poco, dado que el necrófago se transforma constantemente y es capaz de convertirse en lo que sea con tal de atraer la atención de un humano. A veces adopta la forma de un viajero solitario que afirma conocer un atajo, para convencer al auténtico viajero de ir hacia el desierto, donde puede matarlo sin dificultad y luego comérselo. No obstante, el truco favorito de todo necrófago es presentarse como una hermosa mujer, atracción ideal para cualquier varón que ande por ahí.

Un viajero que esté muy alerta puede protegerse si descubre el único rasgo que el necrófago no puede disimular: sus pies. Cualquiera sea la forma que adopte la criatura, siempre conservará sus pezuñas de cabra, camello o asno. Por desgracia, si la víctima se encuentra lo suficientemente cerca del necrófago para notar ese rasgo, ya no podrá escapar.



Los ghouls

Dentro del folklore árabe, los ghouls o guls son demonios necrófagos que habitan en lugares en donde se incineraban cadáveres, cementerios y parajes inhóspitos. Son una clase de djinn que se supone, es contratada por Iblís. Las hembras de la especie se llaman “ghouleh”; “ghilan”.

Vagan por los desiertos, son teriántropos, siendo su forma favorita la de la hiena y están clasificados como monstruos no muertos. Los gules profanan las tumbas y se alimentan de los cadáveres, pero también secuestran niños para devorarlos. La mención literaria más antigua que menciona a los guilan se encuentra en Las mil y una noches. Existe también una variante femenina, llamada ghouleh, traducida a veces como algola.

El término fue mencionado en la literatura inglesa en 1786, en la novela ambientada en el oriente de William Thomas Beckford Vathek3 que describe al ghūl del folclore árabe.

Por extensión, la palabra gul también se utiliza peyorativamente para referirse a una persona que se deleita en lo macabro, o cuya profesión esté vinculada directamente a la muerte, como un enterrador. En árabe coloquial, el término se utiliza a veces para describir a un individuo desmedidamente ambicioso o glotón.

El gul puede cambiar de forma, asumiendo la de una hiena u otro animal del desierto. Generalmente, intenta desorientar a los viajeros inexpertos que cruzan el desierto, llevándoles a la muerte. La criatura también caza niños pequeños, bebe sangre, roba monedas y come carne de cadáveres.



Grobnik, el vampiro necrófago.

En el distrito de Struga, Bulgaria, habita uno de los vampiros necrófagos más insaciables del folklore europeo: grobnik, cuyo nombre significa, literalmente, "de la tumba".

Se dice que alguien se convierte en grobnik luego de morir estrangulado, otros afirman que para transformarse en esta abominable entidad mononeuronal es imprescindible acarrear desde la cuna una pasión desmedida por lo pútrido y lo corrupto.

Cuando el cuerpo de un estrangulado es enterrado -anotan los cronistas- su espíritu lucha contra la carne muerta, intentando volver a accionar sus mecanismos. Durante nueve días opera sobre músculos, tendones y articulaciones, recuperando una motricidad austera que apenas le permite moverse, dando la impresión de tratarse de un muñeco sacudido por espasmos y temblores repentinos.

A lo largo de los cuarenta días siguientes a su muerte el grobnik abandona el sepulcro, vagando por los cementerios y camposantos en busca de roedores e insectos. Durante este período no se atreve a entrar en contacto con humanos, ya que se encuentra visiblemente vulnerable. Incluso su sombra, una silueta negruzca salpicada de chispas azuladas, puede llegar a aniquilarlo si crece demasiado bajo una luz artificial.

Cuando concluye este período de cuarenta días, el grobnik adquiere una fuerza sobrenatural. Su carne licuefacta adopta una consistencia impenetrable; y recién allí se aventura con presas de mayor tamaño, como perros, gatos, aves y niños. Rápidamente desarrolla una pulsión necrófaga incontenible, aguardando en su cubil la caída de la noche, momento en el que se dispone a desenterrar los cadáveres más frescos para alimentarse de ellos.

El grobnik tiene una predilección macabra por los cadáveres de mujeres jóvenes, sobre los que practica toda clase de caricias indignas, que en general concluyen con alaridos y letanías terroríficas, preludio de un festín que puede durar hasta las últimas horas de oscuridad.

Rara vez ataca a personas adultas, ya que su vista suele traicionarlo aumentando los objetos que lo rodean. En Bulgaria suelen venderse unos talismanes mágicos que, según se dice, mantienen al grobnik fuera de la órbita de una tumba determinada. Una vez atrapado se procede a quemarlo con madera de fresno, y sus cenizas son desperdigadas a los cuatro vientos, e incluso inhaladas por chamanes excesivamente escrupulosos.



La fantasía y el terror

Aunque no es una criatura especialmente llamativa, espectacular o con tintes románticos como otros tipos de no-muertos (zombis, esqueletos, liches, fantasmas, vampiros, etc.), el necrófago también ha tenido su papel en la fantasía, pero en menor medida. Su aparición suele ser como seres menores, más peligrosos por su número que de forma individual y/o sometidos al dominio de algún no-muerto, nigromante o señor oscuro poderoso, formando parte de su servidumbre o huestes. Una característica que se le suele aplicar a estos seres, suele ser el hecho de que sus garras poseen algún tipo de toxina venenosa que infecta a sus víctimas, paralizándolas o dañándolas. Un buen ejemplo de esto es el caso del necrófago en Dungeons & Dragons o Warhammer, en donde esta criatura se ciñe perfectamente a la descripción dada.

En el campo del terror, vale la pena destacar la aparición de los necrófagos en la obra de H. P. Lovecrat y Clark Ashton Smith, donde estos seres aparecen con el nombre de gules en castellano y ghouls en inglés.

Los gules son criaturas que moran en túneles bajo los cementerios, tanto en las Tierras del Sueño como en el mundo de la vigilia. Son fácilmente identificables por sus rasgos caninos, pezuñas en los pies, piel gomosa, olor a moho y tumba y repugnantes costumbres. Sus túneles se extienden bajo los cementerios de todo el mundo, donde recogen sus presas y las llevan a las Tierras del Sueño para devorarlas, arrojando los restos al valle de Pnath.

La organización social de estas criaturas es bastante escasa y anárquica, siendo sus líderes ocasionales individuos a los que respetan y deciden seguir. En las Tierras del Sueño se han aliado con los ángeles descarnados (nightgaunts), que les sirven como transporte cuando necesitan desplazarse más allá de sus túneles. Aunque a veces hagan pactos con Primigenios como Nyoghta o Mordiggian, como especie no sirven a ningún señor y viven libres y sin ataduras. Sin embargo han surgido dos corrientes entre los gules: los Tradicionalistas que adoran a Mordiggian y siguen las costumbres de robar en las tumbas y los Renegados, que prefieren dedicarse a la emoción de la caza, raptando seres vivos para matarlos y devorarlos.

No son hostiles con los humanos que hayan tomado contacto con ellos y hayan aprendido su lengua de gimoteos y balbuceos, o que porten un ankh, símbolo que respetan y puede ser utilizado a modo de salvoconducto o bandera blanca para cruzar territorio gul o contactar con ellos. Pero pueden responder con dureza contra aquellos que se interpongan en sus asuntos.

La relación entre gules y humanos es estrecha, hasta el punto de que un humano puede transformarse en gul si sigue su dieta y comienza a vivir entre ellos. Además, en ocasiones estos demonios necrófagos también raptan a niños humanos y los cambian por una de sus crías.


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