viernes, 21 de septiembre de 2012

LA FLOR Y LA LUNA I (relato de horror)

       “Los diamantes, las esmeraldas, los rubíes... su belleza es magnífica y nos deslumbra, pero no son más benignos que la más común de las piedras, y desde luego no son más fieles. Tampoco menos, pero todos los desean y van de mano en mano, cediendo su esplendor al que puede comprarlo.”

     “Belleza no implica bondad, ni tampoco capacidad para hacerte más feliz. A menudo incluso hace voluble y caprichosa a la bendecida con su don. Las flores siempre crecen hacia el sol. La misma esencia de lo bello, es seguir al esplendor.”

     “La flor y la Luna” es una historia de magia -onda wiccana-, amor no correspondido y horror que te cautivará.


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Diecisiete años

Isabel contempló la caída al pie del barranco desde su privilegiada posición en las alturas. Seguía sintiéndose la misma sensación de dominio y poder que entonces. Diecisiete años... como quien decía una vida. Sus recuerdos parecían tan lejanos... Con seguridad podría haber creído pasados muchos más de no ser por la conciencia, dolorosa conciencia, del tiempo computado oficialmente. Y nada parecía haber cambiado, ni siquiera aquellas estúpidas florecillas a sus pies.
La luz de la Luna bañaba serena su hermoso semblante, cubriéndolo de plata y magia igual que aquella noche. Contemplándola, una casi podía llegar a creerse en presencia de mudo y eterno testigo, tan presente como ajeno a los devenires del género humano, cual aburrido trasnochado en un cine de verano. ¿Cuántas cosas habría visto? ¿Cuántos secretos guardaría su nacarada omnipresencia? Con seguridad habría podido contarle cosas que ni ella misma conocía y ya para siempre quedarían ocultas por el más impenetrable secreto, aportando las piezas que aquel demencial puzzle ya nunca encajaría. Diecisiete años...

Un viejo amigo

-¿Qué tal sigue el país Isabel?- preguntó Tonet con simpática socarronería.

-Bueno, como siempre –le respondió ella sin prestarle apenas atención, tan indiferente al bonachón propietario del restaurante como realmente al contendido del diario.

 Isabel soñaba con salir algún día de allí para conocer mundo. París, Londres, Nueva York... todas las grandes ciudades para vivir en las cuales ella estaba echa y de las que una broma del destino había querido mantenerla alejada, llevándola a nacer en un mísero pueblucho. A ella, que seducían las joyas, el glamour y el encanto de la metrópoli. Algún día abandonaría todo aquéllo para nunca volver a mirar atrás, y entretanto dejaba divagar su mente sobre las páginas del periódico y todas aquellas cosas que le hablaban de ese mundo más allá de las fronteras del suyo de paletos y gente de pueblo, con más interés real en el contexto que en las noticias que en él se ubicaban.

El bueno de Tonet se la comía con  los ojos. Ella lo sabía y soportaba con la misma indolencia y apatía que deparaba al resto de lugareños. Varias habían sido las ocasiones en que se le había declarado solicitando sus amores, la primera en allá en el patio del colegio, cuando todavía eran unos críos, pero no estaba echa la miel para la boca del cerdo y ella, que indiscutiblemente era y con mucho la flor más hermosa de aquel insoportable corral de vacas, jamás habría podido salir con alguien así.

Ciertamente lo había echo con algún muchacho del lugar, así como con otros de otras localidades y hasta de Alicante. Como cualquier joven de su edad, tenía sus necesidades y las había del tipo que sólo puede satisfacer un potente cuerpo masculino, pero habían sido las tortas a falta de pan y, en cualquier caso, mucho menos catetos que el pobre Tonet.

 Se le hacía insufrible cuando empezaba con sus tonteos, pero igualmente simpático y entrañable tras haber crecido juntos con los otros mozos del pueblo, lo cual le llevaba a pasar por allí cada mañana cuando, camino del trabajo en Ibi, paraba en su restaurante a orillas de la carretera que separaba a éste de Castalla para tomar un café y una tostada.

Se escuchó el sonido de las campanillas al abrirse la puerta. Isabel giró la cabeza mecánicamente para encontrar a un autostopista entrando al local, de aspecto un tanto deplorable, casi de vagabundo. Hubo de reprimir una expresión de aprensión en su bonita cara, que no obstante se reflejó en su mirada.

-Buenos días- saludó el hombre.

-Buenos días –respondieron ella y Tonet.

También éste lo encontró desagradable, pensando por un instante si decirle que no era adecuada su presencia en tales circunstancias en el local y que por ello no podía atenderle, pero hacía frío fuera y se compadeció, incapaz de negarle al menos un café caliente a quien debía haber pasado la noche caminando a la intemperie. Además Isabel hizo ademán para cerrar el periódico y dejarlo sobre el mostrador, evidenciando que daba por finalizado su desayuno.

-Dime cuanto te debo Tonet.

-Nada guapa, invita la casa.

 Y ella lo sabía. El requerimiento era tan vano como formal. El zampo de Tonet bebía los vientos por ella y nunca le cobraba, pero su orgullo le impedía arriesgarse a pasar por gorrona y siempre pedía la cuenta, aun a sabiendas de lo que había. Luego, una o dos veces a la semana, pasaba por allí a comer y entonces sí pagaba. No porque él no hubiera igualmente insistido en no cobrarle al principio, sino porque su dignidad le había llevado a insistir aun más en lo contrario, alcanzando finalmente aquella especie de pacto implícito entre ellos que dejaba en tablas las cosas.

-Bueno, me voy. Hasta mañana Tonet.

-Hasta mañana guapísima.

 Se quedó él mirando el fabuloso culo de la hembra enfundado en su ajustada falda negra mientras se alejaba hacia la puerta. ¡Pero qué buena estaba la cabrona!

-Sigues perdiendo el seso por ella, ¿eh Tonet?

Miró molesto al autostopista.

-¿Nos conocemos caballero?

-¡Oh, ya lo creo que sí!- contestó para su sorpresa.

 Había pensado que se trataba tan sólo de un descarado viajero apuntando lo obvio. Extrañado, lo observó ahora con más atención, revelando su mirada su incapacidad para recordar.

-Esta cicatriz te ayudará- aseguró llevando uno de sus dedos a su sien derecha para señalar la que allí lucía.

La expresión en su cara se tornó incrédula, a la par que emocionada.

-¿Paquito...?

Aquella señal era inconfundible. Él mismo se la hizo de un puñetazo cuando eran niños, y  conocía su forma y situación desde entonces tan bien como su reflejo en el espejo.

El hombre sonrió.

-¡Pero tío...! ¡Venga un abrazo!- exclamó a la vez que salía de la barra para llevar al hecho su efusiva propuesta.

-¡Cuánto tiempo macho! –apreció ya estrechándolo entre sus brazos- ¿Qué ha sido de tu vida?

Sintió que quizá no debiera haber preguntado aquéllo. Paquito no había sido un chaval demasiado afortunado. De niño perdió a su padre en un accidente de tráfico y ya de muchacho, a su madre cuando fue ingresada en el psiquiátrico. Fue precisamente a consecuencia de ello que decidió abandonar el pueblo, hacía ya cosa de diez años, y desde entonces nada habían vuelto a saber de él. Se dijo que se había alistado en el ejército y después que estuvo dando vueltas por Europa, trabajando en ésto o aquéllo, lo que salía. Siempre rumores, nada concreto.

-Bueno, no me ha ido mal del todo. Unas veces mejor, otras peor... No te dejes engañar por mi aspecto ¿eh? Llevo semanas haciendo dedo y durmiendo donde sale.

-¡Ja, ja, ja!- rió animado y feliz de reencontrar a su amigo Tonet, a la vez que volvía dentro del bar. –Venga, que esto hay que celebrarlo. ¿Qué quieres tomar? Invita la casa.

-Vaya hombre, se agradece. Ponme una cervecita, me vendrá bien.

-¿Botella o barril?

-Lo que más rabia te dé.
Tonet rió entredientes.

-Escucha Paquito... –comenzó a decir algo más serio mientras accionaba la palanca del grifo- no sé si preguntártelo...

La expresión del hombre se tornó socarrona.

-¿Qué ha pasado con mi cara?

Tonet reveló un gesto ahora como del de quien se disculpa ante una torpeza. En efecto, era precisamente aquél el tema por que quería cuestionarle. A pesar de que la cicatriz resultaba inconfundible y también su voz una vez reconocido, su rostro no era en absoluto el de su amigo de la infancia.

-Tuve un accidente de moto. Sin casco. Una mala cosa, me dejé la jeta en el asfalto. Lo que ves es el resultado de varias operaciones de cirugía estética.

-¡Oh vaya! Lo siento.

-Bueno, no lo hagas demasiado. La verdad es que ni la de antes era para echar cohetes, ni la de ahora tampoco.

-¡Ja, ja, ja!- rieron.

-Toma- le tendió la jarra ya llena.

-Gracias.

Dio un sobo y se miraron.

-No me has contestado.

-¿A qué?

-A mi pregunta. Sigues coladito por ella, ¿no?

-¡Ah, eso! Sí bueno, ya sabes... ¡Está que se rompe la cabrona!

-Sí, es cierto. Y además parece que ahora todavía está más buena.

-¡Vaya!

-Recuerdo que nos llevaba locos a todos. ¡A quién no!

Tonet asintió con un gesto de total aprobación.

-Y también recuerdo que a ti te seducía más que a nadie. A todos nos ponía burros, pero lo tuyo con ella era algo especial.

Ahora se sintió un tanto incómodo, como quien se ve forzado a reconocer algo evidente pero que no se desearía lo fuera tanto.

-Esa pava no es para ti, Tonet. Es demasiada mujer para gente como nosotros.

-Ya... –admitió sin contradecirle.

 Paquito tenía razón. Era algo que a nadie se ocultaba que Isabel era hembra de muy alto calibre y aun más altas aspiraciones, de las que no se conforman con un simple pueblerino. Negarlo sería estúpido y también pretender estar a la altura.

-Pero no te la quitas de la cabeza, ¿eh?

Volvió a asentir, ahora en silencio.

-Tonet, para que una mujer como esa se fije en ti, tienes que ser un guaperas de capital, con la cartera llena y un BMW en la puerta.

-Está claro.

-Lo único que te daría una posibilidad sería convertirte en un triunfador.

-Ni eso creo yo. Como has dicho, a ella le van otro tipo de pavos. No los pueblerinos, sino gente de caché que la lleve a buenos restaurantes y hoteles. No tengo nada que hacer.

Paquito se compadeció de su amigo. Debía ser muy cruel eso de tener ante sí la fuente el sediento y no poder alcanzarla.

-Bueno, tampoco te pongas tan extremo. Si triunfaras lo conseguirías.

-¡Qué va! Y aunque así fuera, ¿cómo voy a triunfar? Tú lo has dicho. No somos Brad Pitt, pero tampoco Mario Conde. Ni siquiera terminamos la ESO. ¿En qué puede triunfar gente como nosotros?

-Bueno, eres cocinero, tienes un restaurante... ¿No ha triunfado gente como Arguiñano?

Tonet hizo ademán de verse sobrepasado.

-Paquito, no flipes tío... hay lo que ves. No soy un genio de la cocina. Tan sólo alguien que ha aprendido a apañárselas con los fogones para salir adelante. Hago paellas, gazpachos, menús... no cocina de alto nivel, ni ésto es un restaurante de cinco tenedores.

Paquitó resopló, a la vez que parecía dudar acerca de algo.

-Bueno, quizá en eso yo pueda echarte una mano.

-¿Una mano?- preguntó extrañado. ¿A qué se podía referir?

Por su parte el hombre parecía ciertamente sujeto a tenso debate interior.

-Escucha, Tonet... ¿recuerdas a mi madre?

-Claro... oye Paquito, siento mucho lo que ocurrió- se apresuró a transmitirle su apoyo.

-Gracias Tonet, no te preocupes. Está superado.

-Bien, quizá recuerdes también entonces que tenía fama de ser muy buena cocinera.

Tonet asintió.

-En concreto, de lo que tenía fama era de dar un toque a sus platos que nadie conseguía. ¿Recuerdas?

Volvió asentir, realmente captado su interés ahora. En efecto, el nunca había llegado a probar sus guisos, pero recordaba perfectamente que en el pueblo siempre se dijo que la mujer tenía algún secreto que los hacía realmente deliciosos. Algo que tenía que ver con las especias que usaba y que nadie acertaba a reconocer.

-Escúchame bien: te voy a contar algo, pero lo que te voy a decir no es ni un consejo ni un contraconsejo. Me limitaré a in formarte sobre ello, dejando la decisión a tu consideración. Tan sólo te voy a pedir que no tomes tu decisión sin pensarlo bien antes. ¿De acuerdo?

-Claro, hombre... –respondió extrañado- de acuerdo.

-Escucha pues; mi madre usaba unas hierbas... unas hierbas que nadie conoce. Yo te voy a decir donde encontrarlas. Son hasta dieciséis diferentes y con ellas conseguirás sorprender y conquistar hasta los paladares de los más exigentes jueces gastronómicos.

-¡Venga hombre...! Ya será menos.

-¿Recuerdas lo que se decía de los guisos de mi madre!?

-Sí...

-Entonces sabes que no exagero.

Era cierto. La insistencia en lo que había escuchado de pequeño, por necesidad debía corresponderse con una base real.

Paquito pareció pensárselo de nuevo.

-¡Vamos hombre...! ¡Has conseguido intrigarme de verdad! No puedes dejarme ahora en ascuas.
-Tranquilo Tonet, no voy a dejarte en ascuas. Me hiciste esta cicatriz, pero fuimos buenos amigos y hasta llegaste a salvarme la vida en una ocasión, ¿recuerdas?

Era cierto. Se refería a la vez en que, bañándose en una balsa de riego, le dio un mareo y perdió el conocimiento. Tonet se encontraba con él y le mantuvo la cabeza fuera del agua hasta que lo recobró. Puede que en realidad no hubiera tenido más alternativa y que cualquiera que hubiese estado allí hubiera hecho lo mismo, pero la cuestión era que fue él el que estuvo, y que fue él quien le salvó de morir ahogado.

-No te sientas en deuda, Paquito. Éramos amigos, no hay más que rascar. Tú también lo hubieras hecho por mí.

Paquito sonrió.

-Tú no me lo exiges Tonet, pero yo te lo voy a dar igualmente. Siempre te he estado agradecido y por fin tengo la oportunidad de recompensarte. Pero déjame que te aconseje antes.

-He viajado mucho, Tonet. He conocido a la gente. Mucha y de muchos países. No soy ninguna eminencia yo tampoco, pero más sabe el Diablo por viejo que por Diablo, y a pesar de que no tengo todavía más de veinticinco años, he vivido mucho.

-Escúchame Tonet, y ten en cuenta mis palabras para tomar tu decisión. La belleza es el alimento del alma. Alguien lo dijo, no sé quién... algún sabio de esos. Sí, la belleza es el alimento del alma, pero su virtud no va más allá de ella misma. Lo bello no es necesariamente lo bueno, ni tampoco lo que te conviene. Tampoco tiene porque ser lo malo ni lo que no te conviene, por supuesto. En realidad puede ser tanto una cosa como la otra.

-¡Joder macho! ¡Cómo desvarías!

-Los diamantes –prosiguió ignorando el comentario jocoso de su amigo-, las esmeraldas, los rubíes... su belleza es magnífica y nos deslumbra, pero no son más benignos que la más común de las piedras, y desde luego no son más fieles. Tampoco menos, pero todos los desean y van de mano en mano, cediendo su esplendor al que puede comprarlo. ¿Me sigues?

-Claro. No soy ningún genio, pero tampoco retrasado. Si tienes de novia a una tía buena, muchos van a desearla y echarle los trastos, y así siempre vas a vivir con el peligro de que otro más guapo o con más dinero te la quite. Pero sin en vez de un pibón es una tía normal, tendrá muchos menos pretendientes y vivirás más tranquilo.

-Sí, algo así. Belleza no implica bondad, ni tampoco capacidad para hacerte más feliz. A menudo incluso hace voluble y caprichosa a la bendecida con su don. Las flores siempre crecen hacia el sol. La misma esencia de lo bello, es seguir al esplendor. Insisto Tonet: la belleza es caprichosa, y de una manera u otra siempre hay que pagarla. No lo olvides nunca.

-¡Que sí, pesado, que sí! –bromeó de nuevo.

-De acuerdo pues. Escucha y no me tomes a mí por loco ni a cachondeo lo que te voy a decir. Sé que va a ser in evitable que lo hagas en cuanto lo oigas, pero si aun sin creerlo le das una oportunidad y lo compruebas, encontrarás que no deliraba cuando te lo conté. En absoluto.

Tonet lo miraba ahora extrañado, comenzando a pensar si, después de todo,  el bueno de Paquito no habría regresado un tanto “tocado”.

-¿Recuerdas la cabaña del “Parí-Parao”?

-Sí, claro –se sonrió Tonet. –El pobre borrachín murió congelado una noche de invierno. ¿Lo sabías?

-No, no sabía nada.

-Bueno, tampoco sufrió. Se quedó durmiendo la mona a medio camino y ya no despertó.

-¡Vaya! Pobre hombre. No era mala gente.

-No.

-Bueno, sigo explicándote. Mirando desde allí hacia donde se pone el Sol había una montaña, algo lejos y entre otras,  con una vieja casita de piedra en la cima. ¿La recuerdas?

-Sí, creo que sí. Si mal no recuerdo debe seguir allí.

-Eso es bueno, pues las indicaciones que te voy a dar hacen referencia a cosas que podrían no estar ya.

-Bien,  te acercas hasta ella, ¿de acuerdo?

-Sí, bueno... ¿hasta la casa o hasta la montaña?

-Hasta la casa. Debes situarte en la cima, junto a ella, para orientarte.

-Vale, como tú digas.

-Bueno, pues acércate al atardecer y una vez allí, colocado justo en su esquina derecha y mirando al horizonte, sigue al Sol con la mirada y quédate con el lugar donde se pierde tras las montañas. Cuenta éstas hacia la derecha. Una, dos y tres... ¡ésa es!

-¿Ésa es... qué?

-Te llegas hasta ella. Va a ser un largo paseo y subiendo y bajando montañas. Muy cansado, pero te va a valer la pena.

-Una vez allí, te subes también a la cima. Verás un barranco. No te doy más datos sobre él porque lo encontrarás sin dificultad. Sólo hay uno en ella. Si te llegas hasta su borde, verás que allí crece abundante el tomillo, el romero, la pebrella...

Tonet asintió. Habiéndose criado cerca del campo y siendo cocinero además, conocía bien las hierbas.
-... tanto en el borde como al pie del mismo.

-Son hierbas normales, Tonet, nada las diferencia de las demás, pero si te acercas una noche de luna llena y sigues los pasos que te voy a dar, establecerás un pacto con la Diosa de la Tierra y será tuyo el secreto de unas especias que te convertirán en un hombre de éxito y rico, atractivo a los ojos de Isabel.
Tonet lo miró como alarmado. ¿Acaso estaba tratando con un loco?

-No, amigo Tonet –se apresuró a tranquilizarlo con una sonrisa-, no estoy chalado. Sé que lo estás pensando y que no voy a poder convencerte de lo contrario, pero si te tomas la molestia de comprobar lo que te digo, aunque no lo creas y lo hagas sólo por probar, te verás recompensando con creces. Créeme.

-Ya.

-Los diamantes se dejan seducir por quien tiene dinero para comprarlos... por el brillo del dinero. Las flores por el brillo del sol. Tú quieres seducir a Isabel y ella se deja seducir por el brillo del éxito. Si quieres seducirla Tonet, habrás de brillar, y yo te estoy ofreciendo la forma de hacerlo.

Definitivamente no hablaba con un hombre cuerdo. Tras haber llegado a albergar una cierta expectativa ante la oportunidad prometida, vino a quedar decepcionado y compadecido del que fuera su amigo de infancia. Y lo más triste de todo, ahora se daba cuenta, era que nadie podría saber desde cuándo su mente había comenzado a desvariar. En efecto, su madre había sido curandera en el pueblo. Conocedora de viejas artes y supersticiones, amiga de infusiones y oraciones que ya pocos recordaban. La gente, aquélla que seguía creyendo en esas cosas, había ido a su casa a que la “midieran” y cosas por el estilo.

Por lo que recordaba se había tratado de una buena mujer, que con toda seguridad creía a pies juntillas en aquéllo que practicaba y había debido llevar consigo a su hijo en sus paseos por el monte para recoger sus hierbas. Desde muy pronto debía pues haber sembrado en su mente la semilla de la demencia, aquélla misma que la llevó a ella a languidecer de tristeza en un manicomio hasta la muerte. Ahora parecía claro que su vástago seguía su camino.

-Vale Paquito, muchas gracias. ¿Otra cervecita?

-No gracias, me tengo que ir.

-¿A dónde? ¿A casa de alguno de tus familiares?

-Qué va, vengo sólo de paso. De hecho no creo que pare siquiera en el pueblo.

-¿Cómo?- se mostró Tonet contrariado.

 Realmente había apreciado a su amigo y ahora se preocupaba por su estado. Le hubiera gustado hablar con su gente y tenerlo localizado para ver si se podía hacer algo por él, pero si pasaba de largo probablemente pasaran años antes de volver a tener noticias suyas. Si es que volvían a tenerlas.

-No te preocupes por mí, Tonet –quiso tranquilizarle con una sonrisa. –Ahora piensas que estoy colgado, pero te darás cuenta de que no es así. En tanto llega ese día,  no olvides lo que te he dicho. Ello te dará la oportunidad de conseguir lo que deseas, aunque debieras plantearte primero si lo que deseas es lo que te conviene.

-Vale no te preocupes, lo haré. Pero escucha.. deberías quedarte algunos días. Hay gente a la que le gustaría verte. El Sebas, el  Andrés... ¿sabes que se montó una empresa de electrodomésticos en el pueblo y le va de puta madre?

Volvió a sonreír.

-Sales recuerdos a todos.

-Paquito, por favor...

-Adiós Tonet. Me he alegrado mucho de volver a verte.

No era Paquito
No volvió a saber más Tonet del bueno de Paquito. A lo visto pasó de largo sin parar en el pueblo, como había dicho, y tampoco él preguntó a nadie al respecto. Con toda probabilidad no habrían habido argumentos suficientes para ingresarle en un centro psiquiátrico, y su intento tan sólo lo hubiera hecho todo más triste todavía. Así las cosas, tan sólo restaba lamentarse por la suerte de un viejo amigo.

Pasaron varios meses y con ellos la vida tal y como venía discurriendo hasta entonces. Isabel cada día más bella y él cada día más embelesado, hasta el punto de casi perder todo interés en cualquier otra mujer. Nada nuevo.

-¡Hombre, qué sorpresa! –se alegró un día al entrar por la puerta a uno de aquéllos familiares. Otro amigo de infancia al que hacía tiempo no veía, pero sin llegar al año en su caso, a lo sumo un poco más.

-¿Qué pasa Tonet? ¿Qué tal te va con los fogones?

-Bueno, ya sabes, peleando. Mi madre me hecha una mano, mi padre se encarga del almacén... ¿Y tú qué tal?

-Estoy ahora de representante. ¡Todo el día en la carretera!

-Ya.

-De hecho he parado por eso, para comer algo y salir de nuevo. ¿Qué tienes por ahí?

-Bueno, te puedo recomendar el menú. Está muy bien. Guisado de patatas de primero, conejo con tomate de segundo y postre.

-¡Ah, pues muy bien! Si está tan bueno como suena, puede que repita y todo.

-¡Ja, ja, ja! Deberías contenerte un poco. Ya sabes lo que dicen: “el que come hasta la hartura, con los dientes cava su sepultura”.

-¡Ja, ja, ja! Deja que la cave, no te preocupes por eso –bromeó acariciando con ambas manos su voluminosa barriga-. Otros morirán de cáncer por fumar, otros de cirrosis por beber... ¡deja que sea feliz con mi vicio! Al menos es menos pernicioso que los otros y no hago daño a nadie con él.

-Sí, en eso tienes razón. Oye, ¿sabes qué? Vi a tu primo. Pasó por aquí hace algunos meses.

-¿Sergio?

-¡No, no...! Paquito.

El hombre siguió mantuvo su sonrisa, si bien bajando la mirada y perdiendo ésta su intensidad hasta desaparecer.

-Tonet... –comenzó a hablar con un tono como el de quien hace por no enfadarse- mi primo Paquito murió hace dos años.

Al pobre Tonet se le quedó una cara de estúpido que debiera haber resultado cómica de no ser por las circunstancias.

-¿Cómo...?

-Murió hace dos años. No pudiste verlo.

-¡Pero eso no puede ser! ¡Estuve hablando en él...! ¡Hasta me enseñó su cicatriz!

-Tonet... –repitió el hombre ahora más tenso- mi primo murió hace dos años en Francia. Mi madre y mi tía se acercaron hasta allí para recoger sus cosas y asistir al entierro.

-Joder Tomás... lo siento. No sabía nada.

-Lo entiendo. La familia prefirió no comentarlo.

-Ya... No reconocí al tipo al primer momento. Me dijo que había tenido un accidente de moto y le habían tenido que reconstruir la cara.

-Paquito murió en un accidente de moto. Se dejó la cara en el asfalto, sí pero también la vida.

Ahora lo miró realmente pasmado. Aquéllo comenzaba a tomar un aire siniestro y Tonet a inquietarse.

-Déjalo Tonet. Debió tratarse de un quedón con muy mala sombra.

-Sabía cosas de nuestra infancia... la forma en que hablaba de las cosas y las describía, cómo las conocía...

-Seguramente había hablado con gente del pueblo. Bueno, déjalo ya. ¡Tengo el estómago que cruje de hambre!
 

(Continuará)

viernes, 14 de septiembre de 2012

SACERDOTISAS DE LUCIFER: MARÍA DE NAGLOWSKA. LA MAGIA SEXUAL Y LA MISA DE ORO




En el París de los años 30, una mujer se recogía en una iglesia de Montparnasse, pero en la noche daba cursos sobre magia sexual. Era conocida como “la Sacerdotisa de Lucifer”. Se llamaba María de Naglowska. Discreta, pero extremadamente influyente, fue sin duda la gran difusora de la magia sexual en el siglo XX.


María de Naglowska nació el 15 de agosto de 1883 en San Petersburgo. Era hija del gobernador de Kazan, el general Dimitri de Naglowski, que en 1895 resultaría envenenado por un nihilista. A la edad de 12 años quedó huérfana. Su tía la matriculó en el instituto Smola para jóvenes aristócratas. Allí culminó brillantemente sus estudios. Durante ese tiempo, según su propia confesión, contactó con la secta de los Khlistis, a la que pertenecía Rasputín y cuyos ritos incluían técnicas de magia sexual. Ese fue el primer contacto con la doctrina que absorbería toda su vida.


HACIA OCCIDENTE


La revolución de 1905 la impulsó a frecuentar círculos cerrados de intelectuales. Enamorada de un músico de origen judío, Moisés Hopenko, abandonó con él Rusia para instalarse primero en Berlín y luego en Suiza, donde se casaron. Allí continuó sus estudios universitarios siguiendo simultáneamente varias carreras. Para salvar su matrimonio y permitir a su marido terminar su formación como músico, dio clases particulares. Poco después nacieron sus tres hijos: Alexandre, Marie y André.


Hopenko, seducido por las ideas sionistas, decidió partir hacia Palestina abandonando a su mujer y a sus hijos. María continuó enseñando y escribiendo algunos artículos para diferentes revistas. Dio también conferencias. Pero estas actividades y la aparición de un libro le costaron ser encarcelada por actividades políticas y espionaje. Tras su liberación abandonó Ginebra para radicar en Berna y luego en Bale.


DEL GRUPO DE "UR" A LA TEOSOFIA


Pronto abandonó Suiza y se trasladó a Italia, instalándose en Roma, donde permaneció entre 1921 y 1926. Siguió enseñando y se convirtió en redactora del diario "L’Italia". Quiso trasladar a sus hijos desde Suiza, pero Alexandre se unió con su padre en Palestina.


Pronto surgieron los problemas. María perdió su empleo y debió dar clases a cualquier precio para sobrevivir. En Roma frecuentó a un grupo de escritores ocultistas. Este contacto le permitió conocer a un filósofo ruso exiliado que le reveló las tradiciones Boreales más secretas.


En ese período conoce a Julius Evola y a otros amigos suyos que formarán poco después el “Grupo de Ur” de magia operativa. Evola, junto con René Guenon, son dos de los esoteristas más prestigiosos del siglo XX y aun hoy sus obras son frecuentemente reeditadas.


Su hijo Alexandre, que consiguió un buen puesto de trabajo en Alejandría, la llevó a Egipto con sus hermanos. Pronto fue invitada a dar conferencias en la Sociedad Teosófica en la que ingresó finalmente. La logia de Alejandría había sido fundada por la propia Blavatsky. Así mismo se convirtió igualmente en redactora del diario La Bolsa.


EN MONTPARNASSE


En 1930 volvió a Roma, encontrándole sus amigos un trabajo en una editorial de París donde pudo establecerse. Desgraciadamente, no obtuvo autorización para trabajar en Francia y debió contar con su hijo André para sobrevivir.


María se estableció entonces en Montparnasse, donde conoció a escritores, artistas y poetas. Pronto inició la edición de un semanario mágico, La Flèche, en la que colaboraron Julius Evola y otros destacados esoteristas de la época. Aparecieron 18 números que hoy se cotizan a precios extremadamente altos. La revista se subtitulaba “órgano de difusión del Tercer Término”.


Estableció su cuartel general en el restaurante La Coupole, dónde se reunían los ocultistas de la época. La dirección le ofrecía gratuitamente cada tarde la cena y los numerosos cafés que consumía a lo largo del día. El miércoles daba conferencias en el Estudio Raspail, situado en el número 36 de la cercana rue Vavin y todas las tardes acudía a la iglesia de Notre-Dame des Champs para concentrarse y meditar. Diariamente, durante 2 horas, recibía a sus discípulos en el Hotel Americano (15, rue Brea) no lejos de allí. Estos llegaban desde muchos países extranjeros, no en vano María de Naglowska dominaba el inglés, el ruso, el alemán, el francés, el italiano y el yidish, comprendía el polaco, español y checo y, finalmente, algo de árabe.


Su biógrafo y discípulo más directo, Marc Pluquet, cuenta que a las conferencias solían acudir en torno a 40 personas. Luego, al concluir, un pequeño grupo pasaba a la sala contigua y realizaba ritos más discretos. Allí confería iniciaciones que ella misma calificada de “satánicas”. La prensa se ocupó frecuentemente de ella y un artículo en la revista Voilà fue suficiente para que su nombre alcanzara fama y relieve.

HACIA EL FINAL DE UNA VIDA


A finales de 1935, anunció a Marc Pluquet que acababa de terminar su misión y que preparaba la partida. Profetizó que el advenimiento del Tercer Término no podría hacerse más que en dos o tres generaciones, cuando el mundo estuviera preparado para las transformaciones sociales y políticas que implicaba la llegada de una nueva era. La misión de los que han compartido su obra será conservar la enseñanza para que pueda reaparecer bajo una forma clara y comprensible a hombres y mujeres que no estarán necesariamente formados en el simbolismo.


El pequeño grupo de sus discípulos estaba formado por conocidos esoteristas, entre los que figuran Claude Lablatinière (alias Claude d’Ygée, luego dedicado a la alquimia), Camille Bryen y su biógrafo Marc Pluquet. Algunos de ellos, como d’Ygée, se movían en el entorno en el que aparecieron las obras de Fulcanelli, el misterioso alquimista del siglo XX.


A principios de 1936, María dio su última conferencia un sábado en el Estudio Raspail (36, rue Vavin, en un hotel que, reformado, aun existe y en el que vivieron, entre otros, Aleister Crowler y Eliphas Levi), al final de la cual se despidió de la concurrencia sin dejar ningún sucesor. Luego se reunió con su hija María en Suiza.


Contrariamente a la versión que se ha dado de sus últimos años, el 17 de abril de 1936, María de Naglowska, la Sophiale de Montparnasse, como fue llamada por unos y “sacerdotisa de Lucifer” para otros, murió en casa de su hija en Zürich. No es cierto que los alemanes la detuvieran en 1940 en París y la deportaran a Austwitz, tal como han publicado erróneamente autores como Jean Pierre Bayard (La meta secreta de los rosacruces).


MARÍA DE NAGLOWSKA Y LE CORBUSIER


María de Naglowska, con el pequeño grupo de sus discípulos, constituyó la Orden de los Caballeros de la Flecha de Oro, de los que Marc Pluquet era el más próxima a ella. Pluquet constituye al mismo tiempo la fuente más preciosa de datos sobre Naglowska. En la Biblioteca del Arsenal de París se encuentran depositados 75 folios mecanografiados con el título de La Sophiale, María de Naglowska: sa vie – son oeuvre. Pluquet era, al mismo tiempo, arquitecto y trabajó en un período de su vida –justamente en la época en la que estuvo en contacto con María de Naglowska- con el arquitecto Le Corbusier. Pluquet afirma que las ideas de la Naglowska influyeron en el estilo y en las ideas de éste renovador de la arquitectura.


Por esas fechas (1931), el famoso arquitecto había ido a vivir a París a una casa que él mismo diseñó en rue Molitor. Poco después, en 1935, Le Corbusier interviene en el congreso Internacional de Arquitectura Moderna con una ponencia titulada La Ciudad Radiante. En 1935 desarrolla este tema en un libro del mismo título. Su propuesta es constituir edificios con la planta en forma de cruz, lo que permitiría aprovechar al máximo la luz. Su idea consistía en construir un rascacielos en París de 220 metros de altura, que permitiera circular entre los pilares. Poco después, cuando le encargan el plano urbanístico de Sao Paulo (Brasil), vuelve a insistir otra vez en la forma de cruz para toda la ciudad.


Estas ideas se encuentran en las obras de María de Naglowska. Por otra parte, no hay que olvidar que Le Corbusier tenía en aquella época una vena mística muy acusada que le llevó incluso en visitar Barcelona las obras de Antonio Gaudí por invitación del pintor José María Sert (hombre muy versado en esoterismo y uno de los grandes maestros y amigos de Dalí).


MARÍA DE NAGLOWSKA Y LA MAGIA SEXUAL


En 1931, María de Naglowska publica en París un libro, generalmente atribuido a Pascal Beverly Randolph, Magia Sexual. En la biografía de Randolph resulta probable que viajara a París, pero se desconoce la forma en que llegó el manuscrito a manos de María de Naglowska. De hecho, no hay pruebas siquiera de que el libro fuera escrito por el propio Randolph. Algunos fragmentos del mismo resultan sospechosamente idénticos a los que contienen otras de sus obras (en especial todo lo relativo a los espejos mágicos y la animación de estatuas), pero, en general, el estilo es diferente y parece más influido por Josephin Peladan (artista y ocultista rosacruciano francés de finales del XIX y principios del XX) que por el propio Randolph.


Naglowska explica en su revista La Fleche que el texto le fue remitido “por un desconocido en una céntrica calle de París, sin darle tiempo a preguntarle nada más”. A pesar de que Julius Evola, no solamente dio por auténtico el texto, sino que además lo prologó, por nuestra parte pensamos que Magia Sexual encierra un misterio difícil de resolver, pero que, en cualquier caso, la clave está en María de Naglowska, la mujer que publicó el libro en 1931 y que, probablemente lo escribiera a partir de fragmentos de Randolph, de ideas de Peladan y de las suyas propias.


Si esto es así, a la “Sacerdotisa de Lucifer” le cabe el honor de ser la inspiradora del libro sobre técnicas sexuales mágicas más difundido en Occidente incluso en nuestros días. El mensaje esotérico de esta gran desconocida sobrevive en nuestros días, sin que la mayoría lo perciba.


MARÍA DE NAGLOWSKA Y GALA DALI


En 1931, Salvador Dalí pasó una temporada en París, donde se encontraba el centro mundial del surrealismo. Cierta mañana de junio, fue a visitar a su amigo Joan Miró y éste le propuso ir al restaurante La Coupole, donde estaba el fundador del dadaísmo, Tristan Tzara. En La Coupole los surrealistas tenían una animada tertulia en la que participaban los exponentes más destacados del movimiento.


Dalí frecuentó este artículo durante los años 1931-1933. Iba acompañado por Gala Dianokov, su esposa.


Resulta difícil pensar que ambas mujeres no se encontraran en La Coupole y no sintonizaran. Gala, nacida en Kazan (donde residió la Naglowska mientras su padre fue gobernador de esa provincia), rusa, interesada en la magia sexual y en el ocultismo (por entonces Gala oficiaba de médium de los surrealistas e introduce en la mediumnidad a otros miembros del grupo; ha aprendido a tirar el tarot) y le apasiona el ocultismo y la astrología. Aparecía por entonces y en los años que siguieron una réplica de la Naglowska.


A decir verdad, la influencia de la ocultista rusa aparece en la vida de Gala en distintas ocasiones. Su psiquiatra contó que en 1973 Gala estaba convencida de que el semen de muchachos jóvenes la rejuvenecía y, hasta sus últimos meses de vida, siguió manteniendo relaciones sexuales. Muy frecuentemente sus amantes quedaron destrozados por la experiencia. Jeff Fenholt, por ejemplo, protagonista de Jesucristo Superstar, pasó a un grupo de rock satánico; varios se convirtieron en toxicómanos.


Por lo demás, las ideas de Dalí sobre el andrógino, sobre la sexualidad mágica, su misticismo neocatólico y sobre todo sus concepciones en el terreno del  erotismo parecen extraídas directamente de las doctrinas de la Naglowska sobre el Tercer Término.


LA “MISA DE ORO” Y LA DOCTRINA DEL “TERCER TERMINO”


La idea central del pensamiento de la Naglowska consiste en intuir como será la religión del Tercer Término. Para ella el judaísmo es la religión del Padre, el cristianismo, la del Hijo y queda todavía por manifestarse el Tercer Término de la Trinidad, que inspirará la religión de la Nueva Era.


De la misma forma que atribuía un carácter andrógino al Padre y un carácter masculino al Hijo, la nueva religión del Tercer Término debía de surgir e la unión de los contrarios y tendría una naturaleza femenina. Para esto era preciso dominar las técnicas de magia sexual.


 María de Naglowska fundó en 1932 la Hermandad de la flecha de oro en París, para preparar el Reino de la Madre, que sucedería al del Padre y del Hijo establecido por la era cristiana. Formaba "sacerdotisas del amor", aptas para la fecundación moral de los hombres. Pretendía neutralizar el mal oponiéndole actos sexuales religiosos, ejecutados bajo la dirección de prostitutas sagradas, comparables a las hieródulas de Biblos.


¿Y Satán? ¿Por qué la Naglowska se hace llamar Sacerdotisa de Lucifer? En su particular visión, en el ser humano están presentes dos componentes,  el cuerpo de Dios (la vida) y la Razón. Ambos son interdependientes y complementarios. La Naglowska afirmaba que la razón está al servicio de Satán e incluso sostenía que la razón es Satán. Existe una relación dialéctica entre Dios-Vida y Satán-Razón. La práctica hermética tiene que enseñar el calvario de Satán, que resuelve la relación dialéctica en una síntesis que es precisamente el Tercer Término, el Espíritu Santo.


El elemento ritual central de este calvario es la llamada Misa de Oro. En 1935, María organizó reuniones para presentar los ritos preliminares de la Misa de Or,o cuyo fin era consagrar el advenimiento del Tercer Término. La Naglowska daba mucha importancia a un ritual extraño y siniestro, en el cual el adepto era colgado por el cuello. Incluso dedica al estrangulamiento ritual una de sus obras más turbadoras Le Mystère de la Pendaison (literalmente El Misterio del Ahorcamiento) inspirado en la carta del Tarot. Para la Naglowska esta carta era algo más que un símbolo. En esa posición, el acto sexual parece tener una mayor intensidad traumática. Se sabe incluso que los ahorcados experimentan una erección que llega hasta la eyaculación en el curso de su agonía. Sería el momento en el cual, confundido el placer con la muerte, se alcanzaría el punto álgido del calvario de Lucifer y justo en ese punto el adepto provocaba en sí mismo el nacimiento del Tercer Término.


LA FRATERNIDAD DE EULIS: DE RANDOLPH A LA NAGLOWSKA


Pascal Beverly Randolph, tras escindirse de la Hermandad Hermética de Luxor, constituyó su propia organización iniciática, la Fraternidad de Eulis. Tras su muerte en 1875, Freeman B. Dowd asumió la dirección. En 1878 fundó una gran logia en Filadelfia y en 1907, al retirarse, fue sucedido por Edward Brown.


A la muerte de éste en 1922, el teósofo rosacruciano R.S. Clymer tomó el relevo. Nacido en 1878, Clymer fue recibido como Neófito en el seno de la F.R.C. y de la Fraternidad de Eulis en 1897. En 1911, se instaló en Berverly Hall, donde estableció la sede de la Orden. Tuvo una agria polémica con Spencer Lewis y su A.M.O.R.C. (Antigua y Mística Orden Rosa Cruz), a quien acusó de falsario y mistificador.


Con otros iniciados, Clymer construyó la F.U.D.O.S.F.I. (Federación Universal de Ordenes, Sociedades y Fraternidades Iniciáticas), a fin de combatir a Lewis y la influencia de la F.U.D.O.S.I. (Federación Universal de Ordenes y Sociedades Iniciáticas) que éste había constituido.


La Naglowska conoció la obra de Clymer mientras permaneció en Roma junto a Julius Evola y tuvo contactos con la F.R.C. en París. Sin embargo, considerando que la enseñanza sexual de Randolph estaba muy atenuada, prefirió fundar su propia estructura iniciática, la Orden de los Caballeros de la Flecha de Oro. 


Fuentes:




http://magickadiction.blogspot.com.es/2006/05/la-magia-roja.html


viernes, 7 de septiembre de 2012

OLVIDO HORNILLOS: UNA DE CUERNOS, MANSOS Y MENSAJES RETORCIDOS

 

Hace unos días escribí un artículo dedicado a Olvido Hornillos, la concejal socialista de Los Yébenes, con el título “Olvido Hornillos y el escándalo por su vídeo masturbándose”. Desde entonces he venido leyendo y escuchando bastantes tonterías en los medios. En España –y supongo que también en el resto de países-, gustamos mucho de pasar del tanto al tan calvo. Y ya se sabe, lo mejor es ni tanto, ni tan calvo.

Montar un escándalo porque una mujer grabe un vídeo erótico en el ámbito de su intimidad, resulta un ejercicio de intolerancia, machismo e hipocresía. Esto responde a una consideración puramente objetiva del asunto. Si en cambio pasamos analizarlo subjetivamente y resulta que esa mujer está casada, que grabó dicho vídeo para enviárselo al hombre con que era infiel a su marido y además es concejal, la cosa ya cambia, cobrando matices particulares.

“Lo que haga con su vida particular no nos interesa. Lo único que podemos entrar a juzgar es su actuación como cargo público”. Ésta es una frase que, en distintas versiones, viene resultando estribillo muy coreado en los últimos días. Yo añado: “depende”.

En primer lugar está lo de su papel representativo de la gente que le votó y su obligación de respeto a los valores morales vigentes en ésta. Eso ya lo expliqué en mi anterior artículo, junto a una consideración legal del asunto. Además de ello, hay  que considerar el desvalor intrínseco de la acción de Olvido y su  repercusión o no repercusión en su faceta pública.

Vaya por delante decir que, como mujer, no puedo evitar simpatizar con ella. Es una fémina atractiva y muy liberada a lo que parece, con lo cual quien conozca mi admiración por las hembras transgresoras que abrieron camino en los más variados terrenos a las que vinimos detrás, podrá entender fácilmente tal cordialidad en mí hacia ella. Al margen de esto, su asunto hay que analizarlo desde una posición imparcial. Y entonces, como decía Alejandro Sanz, la cosa ya  “no es lo mismo”.

Veamos: se está diciendo, por un lado, que Olvido no ha cometido ningún delito –cosa totalmente cierta- y que por tanto, su acto sólo implica una valoración moral que no estamos autorizados a valorar quienes quedamos más allá de su familia. Por otro lado, se afirma igualmente que el  chico al que envió el vídeo y, supuestamente, lo subió a Internet, además de un delito, ha cometido un acto de traición a la confianza que ella depositó en él.

Aquí estamos haciendo gala de nuestro carácter de hipócritas. De rasgarnos las vestiduras ante actos contrarios a la moral católica apostólica y romana –y todo eso que bla, bla, bla y tanto gustaba a los beatos y moralistas de tres al cuarto que tanto abundaban hasta no hace demasiado todavía-, pasamos a liarnos la manta en la cabeza y rasgárnoslas por los supuestos tentados a una nueva erigida en nombre de la modernidad y la tolerancia, y pregonamos a los cuatro vientos y voz en grito que nada de lo que ocurra en la intimidad de otras personas nos importa a los demás. Eso, insisto, es hipocresía.

Si hemos de valorar únicamente desde el punto de vista legal, no podemos criticar también al chico diciendo que, además, ha cometido una traición, puesto que la primera que lo hizo fue la propia Olvido al ser infiel a su marido. Aquél la traicionó a ella subiendo el vídeo a Internet y ella traicionó a su esposo siéndole infiel. Más aún, lo humilló grabando éste para su amante, proporcionándole así una prueba de su “hazaña”. ¿Imagináis cómo os sentiríais si alguien se acostase con vuestra pareja y ésta le enviara un vídeo erótico grabado para él? Pues eso.

El que roba aun ladrón, tiene cien años de perdón. El refranero, que dicen es sabio, así reza. Moralmente por tanto, el chico queda disculpado, pues cuando es entre ladrones que se  roban, allá se entiendan ellos como puedan. A nosotros –la sociedad representada por los jueces- sólo nos resta juzgar y emitir una sentencia de culpabilidad o inocencia en cuanto a la acusación por un delito contra la intimidad. Si no podemos valorar moralmente a Olvido, tampoco podemos valorar al chico. Lo contrario sería medir con varas distintas y eso es hipócrita, cínico y discriminador.

Pasamos a otro aspecto del asunto. ¿Realmente no guarda relación el acto de ella con su faceta de cargo público? Expuesta la cosa de una manera estrictamente formal –como se está haciendo-, la respuesta debería ser claramente negativa. Pertenece éste al ámbito de su vida privada. ¿Qué tiene que ver eso con su actividad como pública concejal? Vamos a plantearlo de la siguiente forma: si una persona ha sido capaz de traicionar a su propia pareja, ¿por qué nos iba a respetar a los demás? ¿De qué confianza puede ser merecedor alguien así? En Derecho existe una máxima que afirma que quien puede lo más, puede lo menos. Conforme a ello, quien fue capaz de traicionar a quien le queda más cercano, será igualmente capaz de traicionar a los que le quedamos más alejados. Parece de sentido común, ¿no? Semeja pues que sí puede resultar de interés público la cosa, por cuanto da idea de lo que podemos esperar de una persona de este tipo.

Otra cosa que me está chocando mucho, son los comentarios de apoyo al marido de Olvido, tras haber afirmado que está con su mujer al 100%. Hoy mismo en su programa, Jordi González pedía un aplauso para él por ello, afirmando y siendo secundado en ello por los tertulianos y la invitada, que la actuación del hombre resulta para quitarse el sombrero.

Pues chico, Jordi, no sé que decirte. Ciertamente, en los problemas de cuernos y demás, perdóneseme la expresión, allá se lo monte cada cual como quiera, pero con todo el respeto del mundo, este hombre es lo que toda la vida se ha llamado un manso, cornudo consentido en otras versiones. Su mujer se acuesta con otro y además se graba vídeos eróticos masturbándose para enviárselos –incluso se afirma que pueden existir más- y él declara para todo el país que está con ella al 100%. Pues bueno, ellos verán lo que hacen y los demás no pintamos nada ahí, pero pedir que se aplauda a quien con tanta mansedumbre se los deja poner, ya me parece de una hipocresía de juzgado de guardia. Mi pareja me es infiel, me humilla y aun así yo la apoyo. ¿Eso es algo digno de elogio? A mí más bien me parece una debilidad y una falta de amor propio.

Finalmente, dedicarle también algunas líneas a Karina Bolaños, la ex viceministra de Cultura de Costa Rica que protagonizo un escándalo similar, que la llevó a ver arruinada su carrera política y ser abandonada por su marido. En mi anterior artículo la defendí. Su caso parecía distinto. Ella grabó su vídeo para enviárselo a su pareja. No habían por tanto de por medio infidelidades ni actos moralmente recriminables. Tras ver la entrevista que le han hecho hoy en el programa de Jordi González, la cosa ya me ha quedado en cambio algo más turbia.

Quizá no haya entendido bien, pero a lo que me ha parecido, la mujer ha afirmado que su marido contrató a un hacker para que husmeara en su ordenador en busca de cosas comprometedoras para ella. Estando en ello, fue que aquél encontró el vídeo de marras. Pasó entonces a chantajearla hasta que la dejó sin blanca, publicándolo después igualmente.

Jordi le ha preguntado entonces si mantuvo relaciones con el hacker, a lo que ella ha respondido que sí, en la época en que estuvo separada de su marido.

Luego parece ser que se ha liado ella sola y al final resultaba que el chico al que había enviado el vídeo era el propio hacker y que éste pasó a chantajearla desairado cuando ella decidió regresar con su marido.

¿No habíamos quedado en que el hacker descubrió un vídeo que ella envió a otro hombre, cuando su esposo lo había contratado para entrar en su equipo y espiarla? ¿Ahora resulta que era él ese chico al que se lo había enviado? ¿Cómo llegaron a conocerse? Desde luego, si me contratasen como acusación particular en un caso así, tendría material más que de sobra para hacerla polvo.

Veo muchas contradicciones en este caso. Tantas, que ni Jordi ni los tertulianos han querido seguir preguntándole por ahí. Luego, además, han salido sus afirmaciones de haber sido víctima del machismo en su país. Pero resulta que, siendo ella vicepresidenta, el presidente que la cesó… ¡era  presidenta! Y además ella misma ha asegurado que contó (ella, Karina) con el apoyo mayoritario de su pueblo. ¿Dónde está el machismo pues? Si la gentela apoyó y quien la cesó también era mujer… ¿Dónde lo buscamos? Ya me sé aquello de que también las mujeres podemos incurrir en aquél. Se supone en base a ello, que la presidenta pudo pretender de esta manera contentar a los sectores machistas, a fin de no perder votos. Pero si resulta que éstos eran minoría –dado que la mayoría de la población había apoyado a Karina-…  ¿dónde estaba la presión? Más aún, habría hecho justo lo contrario. Habría actuado en contra del deseo de la mayoría y sacrificado así miles de votos. ¿Qué sentido tendría algo así?

 Como dije, en mi anterior artículo defendí a Karina, pero ahora pongo ya en suspenso todo lo que afirmé. Este caso no está claro. Nada claro. Me falta muchísima información para conocer lo que realmente pasó y así,  poder  pronunciarme.

LILITH: LA MUJER ORIGINAL, MADRE DE DEMONIOS


 


La de Lilith es un mito que me cautivó desde el primer momento. Tanto que inspiró en parte a la heroína-villana de mi primera novela y directamente la convertí en la mala principal de la tercera. La mujer original, anterior a Eva. Tan bella que ni siquiera el mismo Yaveh pudo sustraerse a su encanto y fue seducido por ella. La primera fémina transgresora, que abandonó el Edén y a su marido por no entenderse inferior a él. Rebelión contra el machismo en los albores de la Civilización. Miles de años antes del surgimiento de los movimientos por la igualdad de la mujer. Madre de demonios, diablesa ella misma, emparejada con Samael, el mismísimo ángel rebelde que crearía su propia leyenda tras alzarse contra su creador.

Una pareja ideal. El retador y la seductora de Yaveh. Diablo y Diabla, mitades gemelas que, juntas, conforman al portador del fuego que regenera abrasando en la tradición luciferina.

Lilith resulta un auténtico ídolo para la que escribe. Erótica, oscura, fuerte, independiente… ¿Cómo no elevarla a tal categoría una escritora enamorada de lo más tenebroso e instintivo del alma humana? No podía dejar de dedicarle un artículo en mi blog. El texto que vais a leer no salió de mi pluma no obstante. Por cuestiones de tiempo –no dispongo de todo el que me gustaría-, me he limitado a buscar entre los que en Internet tratan acerca de su figura, subiendo el más convincente que encontré. La única aportación personal ha sido la corrección ortográfica –que faltas habían unas cuantas en él-. Espero que os guste.

Ana Negra. 

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Lilith la primera compañera de Adan

Según consta en la literatura hebrea, Lilith fue la primera esposa de Adán. En sumerio, la palabra "Lil" significa "Aire." El término más viejo relativo a Lilith sería la palabra sumeria "Lili" (plural "Lilitu"), que parece inferir la misma definición que nuestra palabra "espíritu". En muchas culturas antiguas, la misma palabra para "aire" o "aliento" era usada para "espirítu."

Lilith estaba hecha con arcilla, igual que él. Era hermosa y libre. Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué he de recostarme debajo de ti? - preguntaba - Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual". .
La salida del Paraíso

Lilith no obedeció la orden de sumisión que le impusieron; pensaba que era igual a su marido, que tenía los mismo derechos que él porque habían sido creados con el mismo barro, no se sentía inferior, ni débil, ni dependiente. Era una mujer íntegra y como tal quería gozar, al igual que Adán, de la vida y de todo lo que ésta implicaba, incluidos la sexualidad y el erotismo.

Cansada de que Dios no atendiera sus reivindicaciones, decidió abandonar el Paraíso, antes que someterse y renunciar a sí misma. Invocó el Nombre de Dios, innombrable en toda la tradición judía, por considerar que el Nombre verdadero de cualquier ser contiene las características de lo nombrado, y por lo tanto es posible conocer su esencia y adquirir poder sobre ello. Pronunciar el nombre de Dios se convierte, pues, en una osadía suprema, un acto de soberbia mucho mayor que el de hacer directamente oídos sordos ante sus mandatos; algo, en fin, demasiado grave. Abandonó volando el Paraíso con unas alas que el mismo Dios la dio (de ahí su semejanza con los súcubos).

Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta éstos días se encuentra según la leyenda. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y desova muchos miles de niños demonio, fue llamada Madre de los Demonios, —esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios. 

Adán, mientras tanto, halló que él lamentaba la partida de Lilith. Fue con Yaveh y expuso su caso pidiendo el retorno de Lilith. Yaveh concordó que una criatura del Edén no debería partir tan fácil del reino, y dispuso tres ángeles para recobrarla.

Éstos tres, Senoy, Sansenoy, y Semangelof, pronto encontraron a Lilith en su cueva y le exigieron su retorno con Adán por órdenes de Yaveh. Si se rehusaba, le informaron, matarían a un ciento de sus hijos demonios cada día hasta que decidiera regresar.

Lilith exclamó que incluso esta suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su amenaza, Lilith también hizo una terrible proclamación. En respuesta por el dolor inflingido, mataría a los hijos de Adán. Juró atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró también que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte días y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su semen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día.

Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación pues proclamo que "No es bueno que el hombre esté solo", creó a Eva a partir de una de sus costillas, y por lo tanto sumisa al hombre -obsérvese el machismo de la época-.
Lilith como Reina de los Vampiros
A partir de esta narración, a Lilith se le ha considerado la reina de los súcubos (demonios femeninos), por alinearse en el bando enemigo de Dios al marcharse del Paraíso. Y de ahí se ha pasado a suponerla una perversa ninfómana, que seduce a los hombres con maestría para estrangularlos después.

Algunas tradiciones cuentan, que entre el cabello de Lilith se encuentran, enredados, los corazones de los jóvenes que sucumbieron a su hechizo. 

Esa condición diabólica de Lilith le ha llevado a ser también la Reina de los Vampiros. No sólo mantiene relaciones sexuales con hombres a los que después asesina, sino que también se alimenta de su sangre. Es en esa encarnación donde Lilith se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos presentes en la mitología clásica: Lamia, Empusa y las lamias, hijas de Hécate, diosa de la brujería; las harpías y las estriges, también macabras visitantes nocturnas; las harpías, ayudantes de las erinias o furias; las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, siniestras ancianas habitantes de los infiernos. En todas estas figuras se repiten las alusiones a muerte de hombres y niños.

Otras referencias mitológicas afines a Lilith se pueden encontrar en la Brunilda de los Nibelungos, o en la diablesa babilonia Lilu. La misma Reina de Saba de Salomón es un trasunto de Lilith. Etimológicamente viene del hebreo layil, (noche), y aparece representada como un demonio nocturno peludo o como una mujer de cabellos muy largos.

En la Biblia aparece una fugaz alusión a Lilith. En Isaías 34,14 se explica con todo detalle cómo Dios con su espada mata a todos los habitantes de Edom, lugar poblado por enemigos acérrimos de los judíos, y que allí quedan como dueños y señores los animales. Buitres, serpientes... y Lilith. "También allí Lilith descansará y hallará para sí lugar de reposo". Lilith ha sido traducido por lechuza o ardilla, evitando toda referencia a la figura precedente de Eva. En nota al pie se hace constar: "Los hebreos creyeron que significaba un ser diabólico, en forma femenina, noctívago, espantajo de la fantasía popular".

Las variaciones del mito llevan a Lilith a convertirse en seductora de los propios hijos de Adán y Eva (abordando a Caín con palabras de consuelo y reposo tras la muerte de Abel), o a asimilarla con la propia serpiente del Paraíso dando cuerpo de serpiente mientras Satán daba cara humana y la voz que sedujo a Eva (como en los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina). Un relato de Primo Levi nos recuerda que Lilith es la amante del mismo Dios creador, y que vive en el Mar Rojo comandando una corte de demonios. Y otra tradición afirma que Samael, luego Satán, el ángel caído, se convierte en pareja de Lilith, e incluso que juntos seducen a Eva para que engendre a Caín.